La inflación es una de las palabras que más escuchamos los argentinos en los medios de comunicación. Desde que tengo uso de razón, la alta inflación a dominado la historia de al menos los últimos 60 años del país. Sus consecuencias, son nefastas ya que perjudica principalmente a las clases más pobres de la sociedad, esa gente que vive con lo justo en el día a día.
Pero qué es la inflación, y por qué se produce? La inflación es un indicador, que se expresa en porcentaje, y existe cuando aumenta el nivel general de precios; por lo tanto se calcula de acuerdo a la variación del IPC (Índice de precios del consumidor), para un determinado período de tiempo. Existen varias teorías que tratan de explicar la suba inflacionaria, y es un eje de debate en nuestro país. Pero antes describirlas, mencionemos que existen tres tipos de inflación: inflación baja, galopante e hiperinflación. La primera ocurre cuando son de un digito y predecibles, que por lo general dicen que sólo la tienen los países industrializados como EEUU y Alemania, pero por ejemplo Bolivia y Paraguay, tienen baja inflación también sin caer en esta clasificación. La galopante, es la que ocurre en nuestro país, y se define cuando la tasa varía entre un 20% y 100%. Algunas de las consecuencias, son las graves distorsiones económicas, y la mala distribución de la riqueza. Los contratos empresariales, se ligan a un índice de precios o moneda extranjera, como el dólar; por lo general las inversiones al no tener previsibilidad económica, escapan a otros países, dificultando el desarrollo y crecimiento del mismo. Y por último la hiperinflación, en países como Venezuela, donde las consecuencias son devastadoras: pobreza, miseria, falta de inversión y éxodo masivo, son algunas de las características que destacamos. Pero cuál es la causa? Al igual que las enfermedades, se produce por diferentes razones. Puede estar relacionada con la oferta o con la demanda, pero hay una característica de las inflaciones modernas, que es la inercia propia, que una vez que comienzan es difícil detenerlas. La inflación tendencial, responde a las economías industriales modernas, donde a partir de 1990, los precios suben alrededor de un 3% anualmente, por lo que la mayoría de la sociedad empezó a esperar estos valores inflacionarios, al igual que las empresas y presupuestos de gobierno. Es una inflación que persiste a lo largo del tiempo, y sólo se modifica, si ocurren grandes cambios en los precios del petróleo, otros comodites o eventos como una guerra.
Pero en la mayoría de las perturbaciones, la inflación ocurre por una variación de la demanda agregada; ésta aumenta más que la capacidad de producción, generando una inflación de demanda. En otras palabras, la demanda de dinero compite por la limitada oferta de mercadería. Existen varias visiones, que explican el fenómeno inflacionario; la que más escuchamos, la visión monetaria, que dice que al incrementarse la base monetaria por emisión, las personas van a tener más dinero para gastar y la demanda de bienes aumenta y, si esta no viene acompañada de un incremento en la oferta, la inflación sube. Por otro lado, tenemos otra visión como la estructuralista que dice que la inflación no es un fenómeno monetario sino el resultado de desequilibrios reales que se manifiestan en una subida general de los precios. Para corregirla, proponen atacar la raíz del mal y corregir los desequilibrios como puede ser el déficit, el gasto excesivo, etc.
En nuestro país, la inflación ya es histórica, y naturalizada por la sociedad, a pesar de sus graves consecuencias. Los países limítrofes, mayoría parte del Mercosur, han demostrado que es una variable controlable; Bolivia por ejemplo no supera el 2% de inflación anual. La pregunta que muchos nos hacemos es por qué seguimos teniéndola ? Indudablemente hoy en día la inflación parece ser una decisión política, para seguir financiando un gasto insostenible y en muchos casos injustificable .Los grandes perdedores de estas decisiones son las clases más populares, que no tienen ingresos fijos o trabajan en la economía informal y que se ven reflejados en las estadísticas de pobreza año tras año; donde los más perjudicados son los chicos , que son el futuro del país.
La hipótesis del déficit se encuentra respaldada con datos certeros desde 1961, donde sólo el período de la presidencia de Nestor Kirchner tuvo superávit fiscal. Veamos en detalle :
- Entre 1961 y el 2002 en todos los años hubo déficit fiscal, acumulándose desequilibrios por el equivalente a 180% del PBI.
- Entre el 2003 y el 2008 estuvieron los únicos años de superávit fiscal totalizando en el acumulado el equivalente a 7% del PBI.
- Desde el 2009 hasta el 2019 volvieron a ser todos años de déficit fiscal acumulándose desequilibrios por otro 40% del PBI.

Fuente : https://idesa.org/argentina-acumula-60-anos-de-deficit-fiscal/
Si seguimos profundizando en detalle este problema, nos encontramos que el 50% del PBI , lo genera CABA más la provincia de Buenos Aires, y que el 65%, de dichas provincias más Córdoba y Santa Fé. Pero el tremendo dato, es que el AMBA, genera el 48% del total, por lo que casi la mitad del PBI lo genera el Conglomerado de Buenos Aires, que contiene al 35% de la población del país. Por lo tanto, una megaciudad produce casi lo mismo, que el resto de la provincia de Buenos Aires y las 22 provincias restantes. La falta de desarrollo del país es clara, y entiendo que esta macrocefalia, es la principal causa de los desequilibrios de nuestros país y todos sus males como la inflación, la pobreza, déficit, falta de oportunidades, falta de desarrollo.

Sin la corrección de este desequilibrio a nivel nacional, será una misión imposible corregir los problemas cíclicos argentinos, que han atravesado todos los gobiernos populistas, liberales, socialdemócratas, etc. Ningún gobierno pudo encontrar el camino estabilizador a esta asimetría que se tratar de arreglar con “alambre” con la coparticipación, subsidios, y políticas sociales, que no resuelven los problemas de fondo. Un país debe hacerse protagonista, con el desarrollo sostenible de todas las provincias y no de unas pocas; algo que Brasil lo resolvió en 1960 con la fundación de Brasilia, un proyecto gestado desde 1895. Lamentablemente, Argentina, nunca se animó a más, a ser un país completo, y esto se manifiesta con síntomas como la inflación y la pobreza. Atacando la emisión monetaria, no resolverá el problema de raíz, incluso puede agravarlo. El AMBA y el gobierno nacional argentino, son las dos piezas claves en la solución de este problema. Reconfigurar estos actores es esencial para encontrar un nuevo equilibrio federal para un desarrollo sostenible; esta es la clave fundamental para corregir los temas que tanto nos agobian. No tenerlo como prioridad, nos hará caer eternamente en las crisis cíclicas. No es el populismo, no es el kirchnerismo, no es el peronismo, no es el neoliberalismo, no son los militares, ni la derecha ni la izquierda ni el radicalismo, desde siempre nos faltó un proyecto de país con todas las provincias unidas. Nunca es tarde para volver a empezar.