Un país, Argentina. Donde el esfuerzo de sus habitantes se ve constantemente invadido y perjudicado, por la mala gestión de terceros; en este caso los políticos. Quienes son elegidos periódicamente por su gente, pero que ellos mismos saben que van a terminar afectados. El trabajo del ciudadano se cuantifica en la moneda nacional, el peso argentino, que por su gran volatilidad, pierde su valor en forma constante; y por consecuencia el valor de su trabajo y su esfuerzo. En contraste, los países de la región como Bolivia, Paraguay, Brasil, Chile, Uruguay, y podemos seguir enumerando, tienen sus monedas más estables, por consiguiente el valor de su trabajo no se deteriora. Tienen sentido las monedas nacionales? Al único que le puede servir, es al político de turno, como una variable de ajuste sobre la sociedad. Por qué no pensar una moneda regional para Sudamérica? Le pondríamos fin a las malas gestiones políticas, a las devaluaciones y a la inflación. El valor del trabajo del ciudadano se mantendría, como así también la visibilidad de las empresas y emprendimientos. Hasta Venezuela podría resolver sus grandes problemas económicos. Yendo aún más lejos, las fronteras de los países para que están? Para complicar en trámites a los ciudadanos que desean viajar o trabajar, a las empresas para que puedan vender o comprar. Las fronteras no deberían existir, deberíamos dejar de ser rehenes de la burocracia y nacionalismo sin sentido; los trabajadores, emprendedores y empresarios deberían poder realizar sus actividades de la forma más fácil y libre posible, independientemente de donde estén. En la era de sistemas de información, aún sigue siendo una tarea difícil y engorrosa debido a la burocracia estatal. Animémonos a construir un mundo sin países, sin límites y con nacionalismo con fines culturales y de identidad. Hagamos un mundo distinto.