Argentina ingresó varios hace años en el club de la inflación, la recesión, populismo y de la imprevisibilidad económica de la mano de ideologías de izquierda, populistas y socialistas, pero sobre todo del clientelismo y de la corrupción. La gente cansada de la falta de rumbo del gobierno albertista sin un plan para resolver absolutamente nada, se inclinó a una nueva opción llamada Milei y sus famosas “ideas de la libertad”. Bajo mi perspectiva, la gente no voto las ideas, sino que voto de una forma similar que lo hizo con Alberto Fernandez; a través de un voto bronca o un voto al “quiero ver”.
Voy a disentir con varios, pero Argentina, a pesar de todo, no es un mal país. Es un país que, a pesar, las mil falencias que le conocemos, dentro del continente americano, debe ser uno de los tres o cuatro mejores para vivir, debajo de EEUU y Canadá. Si tan sólo manejara su economía de forma más razonable, sin populismo y sin corrupción, la mejora sería abismal. Sólo con eso, sin nombrar las de cuestiones de seguridad , ambiente, social, etc. . Una inflación del más de 100%, es un síntoma que habla por sí solo y que es el resultado de desmanejos económicos de al menos dos presidencias anteriores. Milei y sus ideas de la libertad jamás hubiesen ganado con una inflación del 20% anual. Pero ganó y abrió el juego con un DNU con infinidad de derogaciones y cambios legislativos, que roza lo inconstitucional, y una ley ómnibus llamada “Bases y Puntos de Partida para la Libertad de los Argentinos”, que fue enviada al Congreso Nacional con más de 350 hojas.
Lo primero a remarcar, en estos 20 días de gobierno , es que ninguna medida fue a favor de la gente o el trabajador común, y prácticamente ninguna a favor de las empresas o el campo. ¿Entonces de qué se tratan estos cambios? Están enfocadas en reducir el gasto público, achicar el estado, y atraer inversiones de “baja calidad” como si fuésemos un país de quinta categoría. Es un remake de los años 90, cuyo eje central fueron las privatizaciones, que algunas mejoraron la calidad de vida de la gente, como en el área de comunicaciones y electricidad, y otras generaron un desastre económico y social, como en el caso de los ferrocarriles, que además se llevó la vida de más de 50 personas en la tragedia de once en manos de TBA (empresa privada de los años 90); la cual fue el punto de inflexión para la estatización de la misma. A esto hay que sumar la tragedia de LAPA (Líneas Aéreas Privadas Argentinas), donde murieron más de 65 personas, y que derivó en una película llamada Whisky Romeo Zulú, explicando los desmanejos e irregularidades de la empresa, que años más tarde quebraría. Y como si fuese poco el vaciamiento de Aerolíneas Argentina por parte de Iberia, considerada una de las peores privatizaciones, que dejó a la aerolínea al borde de la quiebra .
Milei busca ir nuevamente por estos caminos con una perspectiva netamente económica , sin medir la consecuencia social y el impacto negativo que pueden sufrir los ciudadanos con la privatización de empresas de servicios y en especial la de transporte. Quizás algunas empresas del listado que propone la ley ómnibus deban cerrarse o privatizarse como las relacionadas con la radio y televisión, pero otras deben analizarse con criterio de seguridad nacional, estrategia, defensa, etc. Un país no puede considerarse serio, si privatiza o estatiza una misma empresa, o cambia sus leyes y regulaciones constantemente. El sector privado con experiencia sabe que por historia los cambios que propone Milei, no se van a mantener en el tiempo, por la sencilla razón que gran parte del arco político no esta de acuerdo con los mismos y porque ya vio la película de los 90 y sabe el final del 2001.
Las privatizaciones y el achique del estado trajeron dinero fácil y fresco al país en las épocas de Menem y Cavallo, y una estabilidad económica que fue de ciencia ficción, al igual que el populismo kirchnerista. Muchos se beneficiaron del crédito barato, el auge del sector inmobiliario y productos importados muy económicos, que por detrás tenían un modelo insostenible porque Argentina era deficitaria, y un nivel de desempleo altísimo que rondaba el 15%. Los impuestos cada vez subían más para tratar de cerrar un modelo que nunca funcionó, y que terminó en una de las peores crisis, que al parecer algunos “liberales” no han tomado nota y están dispuestos a repetir los mismos errores. Porque el problema no es de desregulación, ni de apertura económica, el problema es estructural y político. Brasil lo entendió hace más de 100 años y lo resolvió con su famosa marcha hacia el oeste y con la fundación de Brasilia, que hoy lo convirtió en una potencia económica. En Brasil las reglas no cambian cuando cambian los presidentes, de ahí su éxito en la atracción de capitales. ¿Por qué alguien invertiría en Argentina, si tiene a Brasil o Chile que son mucho más predecibles? Brasil entendió a la perfección que debía desarrollar su interior para ser sostenible económicamente; para eso ejecutaron un plan a largo plazo donde el gobierno tuvo un rol protagonista.
Milei apuesta a las privatizaciones y la inversión para la explotación de materia prima, un modelo de pan para una hora y hambre para siempre; el litio se cotiza hoy, pero mañana puede ser otro material, lo mismo que el petróleo o el gas, que en 20 o 30 años , se van a dejar de utilizar masivamente. ¿Entonces cuál es el modelo? No entiendo que pretende hacer con tantos cambios, que en muchos casos van en contra mano del mundo como los cambios ambientales? ¿Hacia una desregulación “mágica”? ¿Y que los capitales “mágicos” resuelvan todo? Esto no tiene nada que ver con Alberdi; si él viviese en el 2023, jamás haría lo mismo que hace 200 años. Seguramente pensaría y propondría unas bases y un plan para convertir a la Argentina en potencia mundial. Tomaría las mejores ideas de EEUU, Europa, Brasil y China, y las pondría en marcha con consenso social y político. Un liberal no es alguien que sigue determinadas ideas, sino es un librepensador y una persona que evoluciona y aprende constantemente, que difícilmente cité a gente de otras épocas como Adam Smith o Friedman, sino a gente actual como por ejemplo Marcel Wissenburg. Pero por sobre todas las cosas, siempre es bueno generar su propia visión a partir del mundo actual y futuro, ¿sino que clase de liberal sos?
Argentina y su eterno ciclo de sus mismos errores de siempre, en donde el político debería dejar de hablar y empezar a escuchar y pensar, y el ciudadano común tiene que empezar a participar más , aunque no le dejen. Todo es difícil en el mejor país del mundo. Feliz 2024!