Termina el 2024 con una Argentina mejor que a finales del 2023. Con un gobierno que tiene claro su rumbo, al menos en materia económica. Tener un plan es básico y fundamental, para lograr cualquier objetivo, y mucho más para un gobierno nacional, provincial o municipal. Milei lo tuvo y con eso le alcanzó en este primer año de gobierno, para ordenar la economía y convertirse en una opción superadora al gobierno Albertista-Massista que se destacó por el desorden y despilfarro económico.
El gobierno actual es un 4, no le sobra nada, dirige la economía con claridad y firmeza, evitando una hiperinflación, y presentándonos una estrategia basada en una moneda fuerte. Este punto es lo primero que sorprendió a muchos, que, por otra parte, es un punto que pone en duda la sostenibilidad del plan económico. Sin lugar a dudas, la tendencia y el ambiente económico, está mejor que años anteriores, pero que tuvo un alto costo en lo social , un empaquetado que dejo el gobierno anterior.
Sin reservas otra herencia adquirida, pone en riesgo la estabilidad si no se cuenta un plan de desarrollo federal en todos los ejes, que garantice un flujo inversor constante, y un humor social pujante ascendente. La apuesta a la minería, y a los recursos naturales nunca han traído al país un flujo inversor suficiente y federal que garantice la suficiente creación de empleos de calidad. Además, pone en riesgo, en algunos casos otras actividades económicas relacionadas con la agricultura o la industria del vino.
La seguridad y defensa es el otro fuerte de este gobierno. El contraste es abismal en relación a gobiernos anteriores, incluido al de Macri. La cantidad de cortes callejeros ha bajado considerablemente, como así también la extorsión que existía hacia los grupos más vulnerables que eran obligados a ir a las marchas. En cuanto al resto de los ámbitos, necesarios para un país importante como Argentina, falta todo. Muy pobre. En lo social, la pobreza es alta y roza el 50% según datos de la UCA para el tercer trimestre, y por el momento no se vislumbra ningún plan para disminuirla, ni tampoco en otros temas como el déficit habitacional, y las populosos barrios marginales, que fundamentalmente abundan en Rosario y Buenos Aires. La infraestructura, educación e investigación, son otros ámbitos en donde el gobierno estuvo y esta ausente y que son puntos necesarios para el desarrollo de cualquier país.
En cuanto a la política exterior ha sido mala y con carga ideológica y personalista, que hizo que más de una vez el país quede mal parado frente al mundo. A pesar de la buena relación que el presidente tiene con Israel y EEUU, no son jugadores importantes para nuestro país, no tanto como Brasil y China que son los principales socios comerciales.
Otras cuestiones que llamaron la atención, es volatibilidad de varios funcionarios de primera y segunda línea, que fueron echados en forma cuestionable e injusta, y que desnuda debilidad e inestabilidad hacia adentro. Más de 20 funcionarios fueron desplazados en un solo año, un dato que sorprende y que no se observó en gobiernos anteriores. Sumado a esto existe una rivalidad ascendente hacia la vicepresidenta Villarruel que demuestra un espacio político con tintes fascistas que no tolera voces y estilos diferentes. Las noticias falsas, y promesas incumplidas también estuvieron presentes que lo acercan más hacia al estilo kirchnerista, algo que pensábamos que no lo íbamos a ver en este gobierno. Continúan los impuestos altos, que nos afectan a todos, y existe una paralización de obras de infraestructura, ya sea en cuestiones energéticas, al igual que en rutas, autopistas y vías férreas, se convierte en una ecuación que no cierra. ¿Para que pagamos impuestos, si no hay obras?
Por último, la ideología de privatizar algunas empresas puede tener consecuencias negativas hacia el ciudadano común, con malas experiencias que ya tuvimos con la tragedia de Once o LAPA, y que tenemos un servicio de subte, en donde no existe ni una mínima inversión, ni aunque sea en pasarle un trapo a la estaciones; pero eso si, los subsidios al privado siempre están presentes.
El gobierno tiene un estilo fuerte, y agresivo, con claridades en lo económico, y seguridad, pero muy débil en el resto de los ámbitos. Aún esta muy lejos de ser un buen gobierno, pero al menos pregona una cierta estabilidad que es necesaria luego de tantos años de incertidumbre y desmanejo. Esperamos en los próximos años que el gobierno se vaya corriendo hacia el centro y al desarrollo, y que incorpore figuras más idóneas y centradas para los cargos. En el 2025, rinde examen, y estas cuestiones la ciudadanía las tendrá más que en cuenta.