Se acercan las elecciones nacionales nuevamente en la República Argentina. El 2023, no es un año eleccionario diferente a los anteriores. Mismos problemas, pero más acentuados en relación a la economía, situación social, ambiente, educación, salud, y cualquier tema que tomemos, lo encontraremos, en base a indicadores, igual o peor que tiempos anteriores.
En la teoría, en todos los países denominados republicanos y democráticos, existe el llamado contrato social. El contrato social fue un libro escrito por Jean-Jacques Rousseau y publicado en 1762, y se dice que fue uno de los incitadores de la revolución francesa, y que se fundamenta buena parte en la filosofía liberal, en donde la filosofía del individuo es el eje fundamental. El cual decide vivir en sociedad, necesitando para esto del Estado de Derecho para asegurar las libertades descriptas en la Constitución. El contrato social, como teoría política, explica, entre otras cosas, el origen y el propósito del Estado en países como el nuestro basados en una Constitución liberal. En estos países, los seres humanos acuerdan un contrato social implícito que les otorga ciertos derechos a cambio de ceder algunas libertades. Siendo así, los derechos y los deberes de los individuos constituyen las cláusulas del contrato social, en tanto que el Estado es la entidad creada para hacer cumplir el contrato. ¿En base a estas reflexiones, en qué estatus se encuentra nuestro contrato social? ¿Los funcionarios del estado que nos deberían representar, tienen en claro la existencia del mismo? ¿O sólo creen que la política está basada en ganar elecciones, encuestas y marketing político? Quizás sea hora de una capacitación obligatoria para toda la clase política, donde se incluyan sus deberes y obligaciones.
La mayoría de los ciudadanos de este país, cumplimos con nuestra parte del contrato social: pagamos los impuestos, cediendo una parte de nuestros ingresos; votamos para elegir a nuestros representantes; respetamos las leyes dictadas por el gobierno, estudiamos y trabajamos, en pos de desarrollar nuestras vidas y mejorar la sociedad. Esperamos que la otra parte del contrato social por parte del estado se cumpla: nos brinden seguridad, salud, calidad educativa, inviertan en infraestructura, nos garanticen las libertades constitucionales, nos aseguren un ambiente sano y una economía estable y predecible, para que podamos desarrollarnos como personas. En otras palabras, buscamos que los gobiernos contribuyan a nuestro bienestar social y nuestro desarrollo espiritual y material. Los gobiernos y agrupaciones políticas, hoy, nos llenan de imágenes, videos, propaganda y varios slogans como “justicia social” o “las ideas de la libertad”, pero escasean las propuestas y proyectos reales a mediano y largo plazo. Es difícil o imposible, resolver los problemas y dificultades sociales, sólo con slogans, videos y discursos, pero parece ser el estilo de la actual política, y los resultados los tenemos a la vista. Por ejemplo, en Vicente Lopez, donde nací, como en varias ciudades, uno observa afiches políticos comunicando la importancia de la educación, pero la realidad es que las escuelas no tienen clases, los chicos tienen dificultades de aprendizaje y la infraestructura en algunos casos es deficiente. Y es Vicente Lopez, un municipio rico. ¿Hoy nos gobiernan a través de las redes sociales y afiches callejeros? Creo que tenemos que terminar con este estilo de política y volver a nuestros orígenes o aún estilo superador de hacer política, que nos sea enriquecedor a todos.
En años anteriores, más allá de las diferencias ideológicas que existían, los gobiernos miraban hacía el futuro , convirtiendo al país, líder de la región en varios aspectos como la construcción del primer subte de Latinoamérica, la construcción de más de 33000 km de vías, que fueron las bases fundacionales de la mayoría de pueblos y ciudades, la primer central de energía atómica Atucha I de Latinoamérica , y los logros siguen como la puesta en orbita de un ser vivo como el ratón Belisario, 4to en el mundo, en el marco del programa BIO.
Luego de dos planes quinquenales, y un plan de desarrollismo, donde el país se perfilaba para ser líder mundial por los años 1960, entramos en una etapa oscura de dictaduras entre las décadas del 60 y 80, y gobiernos populistas que administran la pobreza hasta el día de hoy. La alta inflación que nos afecta día tras día, en especial a las personas con menos recursos, es un problema resuelto en la mayoría de los países del mundo, y que nuestros gobiernos no tienen ninguna intención de resolverla, anteponiendo siempre alguna excusa. ¿Por qué no adoptar una moneda regional, como lo hace la Unión Europea? Propongo para evitar caer siempre en la emisión descontrolada.
¿Pero cuál es el país que queremos? ¿Nosotros como ciudadanos lo tenemos en claro? Creo que la respuesta puede ser amplia y variada según la visión de cada uno.
Pero me enfocaré en las ciudades donde la mayoría vivimos y transcurrimos gran parte de nuestras vidas. Existen ciudades que se catalogan como las mejores para vivir como Ámsterdam, Copenhague o Viena[1], y que creo que nos podrían servir como modelo, por los amplios parques que poseen, la poca polución, excelente arquitectura y urbanismo, buena infraestructura de transporte, limpieza, seguridad y calidad de vida; son ciudades orientadas al individuo y tratan de estar en armonía con el ambiente. Nuestras ciudades, como Buenos Aires, Córdoba, Rosario y cualquier metrópoli Latinoamericana, están diseñadas para los autos y no para las personas. Ruido, contaminación, trafico, pocos espacios verdes, donde un niño no puede estar solo ni 10 segundos por los peligros que existen en estas selvas de cemento en qué vivimos, que son totalmente nocivas para nuestra salud mental y física. Hay mucho por hacer, para repensar y rediseñar; el urbanismo y la arquitectura, terminaron siendo ciencias para lucrar y empobrecer nuestras vidas. El oscurantismo no sólo llego a través del populismo, sino también a través de algunos negocios inmobiliarios, que corrompen las estructuras de los gobiernos como lo hace el narcotráfico, en beneficio propio, perjudicando el bienestar ciudadano.

El cambio climático, los límites del crecimiento, la perdida de biodiversidad y la superpoblación son preocupaciones que se veían a los lejos, pero que en estos últimos años la gente lo empieza sufrir en carne propia, con el caluroso verano que vivimos en Argentina, plasmado de incendios, sequías y la gran ola de calor en el hemisferio norte, con temperaturas mayores a 50C e incluso más de 60C como en Irán, rozando las temperaturas máximas que puede soportar un ser humano y cualquier ser vivo. La respuesta tanto del gobierno argentino, como de la mayoría de los gobiernos del hemisferio norte, ante estos acontecimientos, fue prácticamente nulo. A pesar de tener la tecnología, los datos y el conocimiento, no hay decisiones que se tomen para evitar estos acontecimientos que afectan nuestra vida. Como sociedad debemos repensar un nuevo “contrato social” que no sólo nos represente a través de acciones concretas, sino que además estás acciones incluyan a las futuras generaciones y a una nueva relación entre las personas y la naturaleza, con el fin de que vivamos en una ciudad saludable y sustentable, con el menor impacto sobre el ambiente posible. La tecnología es nuestra aliada en esta transformación, pero además hace falta modificar nuestra cultura; la realidad es que, a nivel global, el tiempo nos corre en contra por dos frentes: por un lado, con la escasez de recursos atada al consumo y al crecimiento poblacional, y por otro el aumento de la temperatura promedio mundial. Los científicos pueden equivocarse en sus predicciones y las temperaturas más extremas podrían ocurrir mucho antes de los esperado, con consecuencias económicas y sociales, como ya sufrimos con la previsible sequía. Sabemos que lamentablemente, las próximas elecciones serán una renovación de cargos y que seguirán las improvisaciones y la falta de solucione
s a los problemas que tanto nos aquejan. Como sociedad, no sólo deberíamos involucrarnos más, sino que deberíamos presionar para cambiar las reglas de juego eleccionarias, y que los candidatos y partidos políticos presenten su plan de gobierno acorde a la realidad del país y del mundo. Es difícil romper las estructuras de poder, que se han formado en torno a la mala política, pero vale intentarlo si queremos vivir en un mundo mejor y si queremos tener un futuro en este planeta.
[1] https://forbes.es/lifestyle/305507/estas-son-las-20-mejores-ciudades-del-mundo-para-vivir/